Viernes 10 de julio 2015

Shabat Pinjas

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 En esta parasha encontramos a las hijas de Tzelofjad peticionando ante Moshé. Ellas reclaman heredar la porción de tierra que le correspondería a su padre, luego de entrar a Israel. Recorramos juntos este emotivo relato: “Se acercaron las hijas de Tzelofjad –hijo de Jéfer, hijo de Guilad, hijo de Majir, hijo de Menashè… hijo de Iosef- y estos son los nombres de sus hijas: Majla, Noa, Jogla, Milka y Tirtza. Se presentaron ante Moshé y ante Eleazar, el sacerdote, ante los jefes y toda la asamblea… diciendo: “Nuestro padre ha muerto en el desierto… e hijos él no ha tenido. ¿Por qué habrá de ser suprimido el nombre de nuestro padre del seno de su familia- ya que él no tiene hijo? Danos a nosotras posesión entre los hermanos de nuestro padre”.“(Bamidbar 27: 1-4)

 ¿Por qué primero son presentadas como hijas de Tzelofjad y luego cada una por su nombre? Veamos el primer versículo, el término hebreo Tzelofjad, tiene la misma raíz que tzel/sombra y pajad/miedo. Leemos en la Tora: “Se acercaron las hijas“, haciendo referencia que se aproximaron a Moshé, pero también podemos entender que se acercaron entre ellas. Con estos elementos, Rivkah Lubitch crea un nuevo midrash: mientras vivan bajo la sombra de su padre, serán llamadas Bnot/hijas, pero cuando las hermanas se unen e independizan, son llamadas por sus nombres. (Dirshuni, pág. 92)

 De este amoroso vínculo fraterno surge el coraje para presentarse ante Moshé y ante una sociedad patriarcal donde sólo los hombres heredaban la Tierra. Cuenta otro midrash que ellas confiaban en un Dios que no discrimina y da a cada uno por igual. Continua la Torá explicando que Moshé presentó el caso ante Dios y Él reconoció lo justo de su reclamo: “Dijo Adonai a Moshé diciendo: “Lo correcto las hijas de Tzelofjad están hablando, dar les habrás de dar a ellas posesión en herencia en el seno de los hermanos de su padre”. “(Bamidbar 27:7)

 Ellas comprenden que éste era el momento preciso para la palabra y junto con sus derechos, recuperan su voz. Como nos recuerda Kohelet que para todo hay un tiempo bajo el sol: “Momento para callar y momento para hablar“. Creo que callar ante una injusticia implica complicidad y cobardía. En cambio, romper el silencio, en situaciones como éstas, no sólo es necesario sino una obligación ética.

 Majla, Noa, Jogla, Milka y Tirtza actuaron movidas por el amor a la Tierra de Israel y con sus palabras, sentaron un precedente que afectaría a las futuras generaciones de mujeres judías: “Un hombre cuando muriere, e hijo no tuviere, habréis de transferir su herencia a su hija“. (Bamidbar 27:8)

 Quiera Dios inspirarnos para encontrar las palabras justas y sabias, así como el momento preciso para decirlas. Que con su bondad, nos ayude a callar a tiempo cuando las palabras están de más.

Shabat Shalom,

 

Marcela Guralnik.

Estudiante del instituto de formación rabínica Abraham J. Heschel.



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