Viernes 5 de febrero 2016

Shabat Mishpatim

 

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Tomémonos un momento para comprender la cronología de la narración Bíblica. A la salida de Egipto, de la esclavitud hacia la libertad, le sigue la experiencia más trascendente de la historia judía: la revelación de Dios y de Su Ley en el monte Sinaí. Inmediatamente después de este momento llega nuestra lectura de esta semana: Parashat Mishpatim. La Parashá de los estatutos. ¿Y cuál es la primera ley que se nos enuncia? La ley de los esclavos hebreos… ¿Advertimos lo absurdo de todo esto? La primera ley que se enuncia casi inmediatamente luego de la salida de la esclavitud en Egipto es la reglamentación de cómo se debe obrar con un esclavo.

La Torá nos narra (Éxodo 21:2-6) que en líneas generales si un judío se quedó sin trabajo y sin campos puede vender su fuerza productiva, es decir su propio cuerpo, por un plazo máximo de seis años, luego quedará en libertad. Sin embargo si al terminar este plazo el esclavo declara: “Yo no quiero recobrar mi libertad, pues les tengo cariño a mi amo, a mi mujer y a mis hijos”, el amo lo hará comparecer ante los jueces, luego lo llevará a una puerta, o al marco de una puerta, y allí le horadará la oreja con un punzón. Así el esclavo se quedará de por vida con su amo.” (Ibid.) El esclavo si bien al cabo de los seis años le corresponde salir en libertad puede elegir por propia decisión continuar “eternamente” siendo esclavo.

Nuestros sabios no podían comprender cómo alguien que hace poco acababa de ganar la libertad después de más de 210 años de esclavitud en Egipto podría elegir “libremente” continuar siendo esclavo. Sin embargo la Torá lo permite pero esa persona debe recibir una marca: un aro en su oreja derecha. Esta será la marca que lo señalará eternamente como un hombre que eligió la comodidad de la esclavitud frente a los desafíos de la libertad.

El Talmud (Kidushin 22b) se pregunta por qué la marca se debía hacer específicamente sobre el oído y sobre la puerta:  “Dijo el Santo, Bendito Sea: “El oído que escuchó mi voz en el monte sinaí en el momento que dije ”Porque siervos míos son los hijos de Israel… (Levítico 25:55)” y no siervos de otros siervos; y aquel fue y se adquirió para sí mismo un dueño debe ser agujereado… Dijo el Santo, Bendito Sea: “La puerta y la mezuzá (jamba) que fueron testigos en Egipto cuando salté el dintel y las dos jambas y dije: “Porque siervos míos son los hijos de Israel… (Levítico 25:55)” y no siervos de otros siervos, y los saqué de la esclavitud hacia la libertad, y aquel fue y se adquirió para sí mismo un dueño debe ser agujereado delante de la puerta y la mezuzá.” El oído que no escuchó el llamado a la libertad debe ser agujereado. Aquel que decidió cerrarle la puerta a la libertad allí mismo debe ser agujereado. Dios sacó al pueblo judío de Egipto para poder servirle a Él y no para que se vuelvan esclavos de otros hombres.

Ahora bien: el Talmud dice que Dios no desea que nos volvamos esclavos de otros porque somos Sus esclavos. ¿Qué sentido tiene dejar un tipo de esclavitud para pasar a otra esclavitud? ¿De qué sirve abandonar a un amo para someternos ahora a otro? Quizás la respuesta a esta extraña paradoja la encontramos en el comentario del Rab Shimshon Rafael Hirsch a Levítico 25:42: “Porque ellos son Mis esclavos: El esclavo de Dios no puede ser el esclavo de otros. La esclavitud a Dios es liberadora”. El ser siervos de Dios nos libera. Somos siervos de una fuerza que está por fuera de este mundo, servimos a los ideales de la Torá y al Dios de Israel. De esta forma nos liberamos de cualquier esclavitud y opresión en la Tierra. Nadie puede someter a otros y nadie debe someterse a otros hombres porque todos somos siervos de Dios. Esta aparente paradoja de ser siervos de Dios permite la absoluta igualdad entre los hombres, nadie tiene el derecho de dominar a otro ya que como humanidad solo le servimos a Él.

Escuchemos el llamado de Dios a ser libres. A liberarnos de aquellas cosas que nos esclavizan y a liberar a otros de los yugos que los oprimen. Atrevámonos a escuchar el llamado de Dios y a pasar por la puerta de la esclavitud hacia la libertad.

Liberémonos este Shabat de las tensiones, de las tristezas, de los celulares, de las malas noticias de los diarios, de las angustias, del consumismo, de los apuros… valoremos las 25 horas de libertad que llegan semana tras semana cada puesta del sol los viernes por la tarde.

 

¡Shabat Shalom!

Sem. Uriel Romano

Estudiante del Instituto Heschel.



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