Viernes 5 de agosto 2016

Shabat Matot-Masei

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El proceso de llegar a la Tierra Prometida

Todos tenemos sueños y deseos. Algunos son materiales como llegar a un determinado puesto de trabajo, juntar una suma de dinero o abrir un nuevo emprendimiento, otros son personales como correr una maratón, leer un libro, estudiar o bajar unos kilos para llegar en forma al verano.

Al final de Parashat Matot-Masei, la última del libro de Bemidvar – cuarto libro de la Tora – nos encontramos al borde del río Jordán, a punto de entrar a la Tierra Prometida. El texto nos hace mirar para atrás y tener una retrospectiva de los cuarenta años de travesía por el desierto. El texto enumera las 42 estaciones que hicimos en esos años. La Parasha está llena de nombres, nos dice salimos de tal lugar y llegamos a este otro, salimos de este otro y llegamos al próximo, así con cada una de las estaciones.

El Midrash se pregunta el motivo por el cual este texto en cierta forma es una suerte de repetición, ya sabemos los nombres de los lugares, ya hemos leído qué es lo que pasó en cada uno de ellos a medida que avanzábamos en la lectura del libro. Los Rabinos nos proponen:  Es como un Rey que junto a su hijo recorren un camino que hicieron juntos hace ya un largo tiempo, cuando el hijo era tan pequeño que ni siquiera guarda en su recuerdo las fotografías de ese viaje. En ese camino el Rey le va contando a su hijo: acá fue donde hicimos una pausa porque teníamos sed, en este otro lugar acampamos porque cuando llegamos ya estaba oscureciendo y nos encontrábamos exhaustos. En este otro lugar vivenciamos un momento de suma alegría. Así en cada una de las estaciones.

¿Qué podemos aprender del texto? ¿Qué es lo que intenta enseñarnos? 

¿Acaso no estamos ya en la antesala de la Tierra Prometida? ¿Por qué no nos dejamos de discursos y entramos?

Todos tenemos sueños y deseos. Todos queremos llegar a lo que hemos definido como Tierra Prometida.

Nuestra Tora nos enseña algo muy importante. Todo sueño, todo deseo que queramos realizar no se concretiza sin esfuerzo. 

Es probable que el factor suerte, en algunos casos, dé una mano, pero no es el denominador común de las personas que llegan a materializar sus sueños.

Conseguir llegar a la Tierra Prometida fue un proceso de cuarenta años con cuarenta y dos estaciones.

¿Cómo empieza el Shuljan Aruj? “Titgaber KaAri Laamod Baboker”  – sé fuerte como un león al despertarte en las mañanas y emprender tu día. Rabi Iosef Caro reconoció la dificultad humana de iniciar la jornada, de iniciar un proyecto.

Cuando tenemos definida cuál es La Tierra Prometida, es más fácil. Sabemos el objetivo, sabemos que tendremos momentos en el camino que serán más fáciles y otros más difíciles.

Matot-Maasei nos propone definir nuestra Tierra Prometida y emprender el viaje con valentía.

 

Shabat Shalom

Rab. Ariel Kleiner. Rabino en Sao Pablo, Brasil.



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