Viernes 2 de junio 2017

Parashat Nasó

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La conocida Birkat cohanim, o Bendición de los cohanim concluye con la palabra shalom, paz:

Te bendiga Adonai y te guarde.

Te ilumine Adonai con Su Presencia y te agracie.

Dirija Adonai Su favor hacia ti y te conceda la paz.

Shalom o “paz” es la más alta aspiración del judaísmo para el mundo en que vivimos. Es un valor fundamental, concebido por nuestros sabios como el único “recipiente” por el cual fluyen las bendiciones divinas hacia el mundo.

Una primera acepción de shalom, la más común, es la ausencia de guerra, como por ejemplo en el versículo de Vaikrá o Levítico: “Impondré la paz en la tierra…y la espada no pasará por vuestra tierra” (Lev. 26:6). La promesa es de la inexistencia de enemigos que ataquen al pueblo y lo expongan al peligro.

Según el midrash ello incluye además la desaparición de elementos externos que perturben la paz, como animales salvajes y fuerzas naturales dañinas.

 Una segundo sentido de paz el de la armoniosa convivencia entre las personas, tanto entre individuos como entre diferentes grupos. Lo opuesto a shalom no es sólo guerra, sino majloket en el seno de la sociedad, que se expresa en conflictividad o disputa. Shalom implica la coexistencia en concordia y entendimiento recíprocos, lo contrario de división y a veces hasta de hostilidad y violencia. Esta forma de paz se expresa en el midrash de esta forma:“encontrarás la paz a tu entrada y paz a tu salida en tu relación con los demás”.

 Este sentido de paz también incluye la paz en el hogar, “shalom bait”, entre marido y esposa, padres e hijos y otros que comparten una residencia. El valor de esta paz hogareña en el judaísmo es tan importante que no se deberán escatimar sacrificios para preservarla. Así se debe evitar a toda costa que un brote de cólera enturbie el espíritu de quietud y convivencia que debe imperar en el hogar. La violencia en el hogar se contrapone a todo lo que la tradición judía predica acerca del respeto y la consideración entre los miembros de una familia.

 Sería una quimera pensar que de repente cesen los litigios entre la variedad de colectividades sociales, étnicas y religiosas, y que se cumpla el sueño de paz universal anunciado por los profetas de Israel. Obviamente estamos muy lejos de ello… El terrorismo que asola al mundo en nuestros días es la antítesis de los valores más caros de la civilización. Nuestro desafío es aprender a vivir en consonancia con los otros, de modo de acelerar la realización de la tan ansiada redención.

 Y por último, la forma más elevada de paz es la de quietud interior, nuestra propia paz del espíritu. Esta es la paz de la neshamá o alma, relacionada con shelemut, ó perfección. Es la armonización entre metas, aspiraciones y valores en conflicto, para alcanzar finalmente un sentido de completud.

 Shalom es por consiguiente un valor capital que se extiende a cada nivel de la existencia, y que hace a una vida digna y sostenible.

Rabino Daniel Kripper



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