Miércoles 19 de octubre 2016

Parashat Ki Tetze

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Muy pocas parashiot, porciones semanales de la Torá, tienen tantos y tan diversos temas. Muchos de ellos apasionantes.

Una de las leyes más particulares de nuestra parashá, Ki Tetzé, y de toda nuestra Torá, y tradición, es la mitzvá, precepto, de Shiluaj Haken, echar del nido a la madre.


“Si por casualidad encuentras en tu camino un nido de pájaro, ya sea en un árbol o en la tierra, con pichones o huevos, entonces, si la madre está recostada sobre los pichones o los huevos, no tomes a la madre junto con ellos. Ahuyenta primero a la madre y sólo luego toma los pichones o los huevos para ti. Así te irá bien y se prolongarán tus días.” Devarim, Deuteronomio, Cap. 22 Verss. 6 y 7
.

Mucho se dijo y escribió sobre este curioso precepto. En primer lugar, puede ocurrirnos, o no. Incluso puede pasarte seguido. En segundo lugar es uno de los pocos preceptos que tienen premio explícito, recompensa clara. Así nos irá bien y viviremos más, y mejor. 


¿Por qué debemos espantar a la madre? ¿Por qué sí podemos tomar a los pichones y o a los huevos? ¿Por qué el premio por algo circunstancial y ocasional? 


Seguramente algún vegetariano y o vegano sugerirá con razón, que es posible disfrutar de nuestro mundo, alimentarnos, vestirnos, etc, sin usufructuar al mundo animal. Más aún si para ello debamos eliminar, matar a un animal. Pero nuestra tradición nos autoriza  a comer animales y o derivados de los mismos cumpliendo determinadas pautas.  Ésta es una de ellas.


El hombre debe, yo debo, aprovecharme al máximo de todos los recursos posibles que nos brinda la naturaleza. Para eso fuimos creados. 

Pero, PERO siempre de acuerdo al principio de la responsabilidad. Somos los responsables de lo que nos pasa. Dicha responsabilidad no sólo refiere a nosotros sino a toda la humanidad, y a nuestro mundo. Podemos y debemos alterar nuestro ambiente, siempre y cuando no lo deterioremos. No sólo en nuestra propia defensa, y de las generaciones futuras, sino en defensa de todo el universo.

Volvamos a nuestro nido, pichones, huevos y madre. 


Tal vez la Torá nos quiere enseñar que si tomamos a los pichones y huevos junto con la madre, provocamos a ésta un dolor. Por eso la espantamos, para que no vea lo que les ocurre a sus futuras y presentes crías. Ojos que no ven…


O tal vez, y a mí me parece central, quiere enseñarnos el valor de la conservación de la especie. De no cortar el futuro. Enseña nuestro Talmud, que quien salva a un hombre , salva a la humanidad toda. Y esto lo es por el valor intrínseco de cada uno de nosotros y por lo que representamos. Como dijera el filósofo,” yo soy yo y mis circunstancias”. Por lo tanto yo soy yo, y todos mis futuros.


La mamá pájaro es ella y todos sus futuros. Puedo tomar a sus pichones pero no eliminar la especie pájaro que encara esa madre. Por eso el premio de prolongar y dar calidad a mi futuro, porque al respetar a la especie pájaro, estoy asegurándome a mi, a mis entornos y al universo un futuro de diversidad, de calidad.


Es solo una mitzvá ocasional. La enseñanza de ella determina nuestros futuros.
 

 

Rab. Fabián Zaidemberg

Profesor en el Instituto Rabínico Heschel

 



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