Viernes 3 de junio 2016

Parashat Bejukotai

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“Dijo Ado-nai a Moshé: Habla a los cohaním hijos de Aarón y habrás de decirles: por persona muerta no habrá de impurificarse, en su pueblo”. (Vaikrá 21:1)
Así comienza la parashá de esta semana. Venimos transitando Sefer Vaikrá – libro de Levítico, donde se pone gran atención y detenimiento a las cuestiones relacionadas con el ritual, la pureza y la santidad que se les requiere a los sacerdotes y, por extensión, al pueblo de Israel.

Del versículo que encabeza este escrito, llama la atención a los comentaristas la repetición tres veces del verbo cuya raíz es אמר “A.M.R.” que se traduce como‘hablar – decir’.

RaSHí interpreta esto diciendo que el pedido de la Torá se hace para insinuar que los mayores deberán decir y transmitir a los menores.

Siguiendo con el versículo que tratamos, hay que explicar que los cohaním – sacerdotes, no se podrían impurificar ritualmente poniéndose en contacto con un cadáver. Mientras que los cohaním simples podrían hacerlo por sus parientes más cercanos (esposa, padres, hijos, hermano, hermana no desposada); el Cohen Gadol – Sumo Sacerdote, no podrá acercarse siquiera a ninguno de estos parientes. Solamente hay una excepción en el caso del Cohen Gadol, que es aprendida del final de este versículo, cuando dice “en su pueblo”, la cual es tratada en el Talmud (Nazir 47 a-b), y trata el caso del “Met Mitzvá”. Cuando una persona fallece y el cadáver está entre su gente y su pueblo y haya quien le de sepultura no hay inconveniente, pero de no ser así, este cadáver está en la categoría de Met Mitzvá, y es una obligación primordial el darle adecuada sepultura. La Halajá prescribe que en el caso de un Met Mitzvá, aun el Cohen Gadol tiene la obligación de darle sepultura, aun si habría de desatender por ello algún acto ritual en el Santuario (RaMBaM, Mishné Torá, Sefer Shoftim, Hiljot Ebel 3:8).

La Mitzvá de dar sepultura al que deja este mundo está englobada por nuestros Sabios en la categoría de “גמילות חסדים” “Guemilut Jasadim”, o sea una manifestación de amor y bondad irrestrictos e incondicionales.

Vemos así una situación única e impensada: el Sumo Sacerdote, figura máxima del pueblo, quien no puede acercarse a llorar a su padre y su madre siquiera (Vaikrá 21:11), está obligado a hacerlo por un ‘perfecto’ desconocido, quien no tiene quien lo entierre. Parece patente la enseñanza: Por más abolengos que se pretendan, a la hora de estar frente a los demás, somos todos iguales. Y más aún, a mayor rango de jerarquía, mayores son las responsabilidades, deberes y esfuerzos. No hay excusas frente a un hermano. No hay herencia de méritos que te liberen de cumplir tus obligaciones.

Un poquito más.

Dentro de esta parashá tan rica en conceptos, cierra el capítulo 22 con las cuestiones referidas a la santidad de los cohaním, diciendo: “Habrán de cuidar Mis Mitzvot –preceptos- y los cumplirán, yo soy Ado-nai” (22:31). Explica el Rab Edery en su Jumash que, cuidar los preceptos implica el estudio, mientras que cumplirlos se refiere a la acción en sí misma. De esto deduce que aquél que no estudia y conoce, tampoco puede cumplir. La mitzvá de Talmud Torá, el estudio de la Torá, es considerada como la columna vertebral de la tradición de Israel. Nuestro futuro como pueblo identificado con su Torá y sus valores depende totalmente del estudio de nuestros libros sagrados, en profundidad y amplitud.

Volviendo a la opinión de RaSHí citada al comienzo, somos los mayores, en cada una de nuestras casas quienes tenemos la misión de transmitir a los más pequeños nuestra tradición. Una transmisión de ‘mano en mano’, día a día, que hable del respeto y amor irrestricto por el prójimo, por el Otro. Una tarea que debe ir de la mano con los caminos de nuestro pueblo, con el estudio sincero de nuestras fuentes que vayan encaminados a seguir transmitiendo y haciendo.

“Rabí Iosi dice: … Dedícate al estudio de la Torá, pues no puedes recibirla por herencia. Y que todas tus acciones sean hechas por amor a Dios” (Pirkei Avot 2:17)


¡SHABAT SHALOM UMEVORAJ!

 

“Cuando la fe es totalmente reemplazada por el credo, el fervor religioso por la disciplina, el amor por la rutina; cuando se ignora la crisis de hoy a causa del esplendor del pasado; cuando la fe se convierte en algo simplemente heredado en vez de ser una fuente viviente; cuando la religión habla sólo en nombre de la autoridad y no con la voz de la compasión – entonces su mensaje ya no tiene sentido” (A. J. Heschel, “La democracia y otros ensayos”, Seminario Rabínico Latinoamericano)

 

Meir Szames
Estudiante del Instituto Rabínico Heschel



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